Los rusos no van a invertir en Cuba

Elías Amor Bravo, economista

Decía John Kennedy que “se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”. Esa frase pasó a la historia para advertir sobre las consecuencias nefastas de la mentira y la desinformación, a la vez que se convirtió en un llamamiento a la honestidad y la transparencia. Y ahí lleva más de 60 años convirtiéndose en una referencia para los líderes responsables.

El problema es cuando no se cumple con esta máxima y se hace justo lo contrario. Es el caso de los dirigentes del régimen castrista que, en un momento en que la economía cubana atraviesa una grave crisis económica de la que no saben cómo salir, andan enredando, engañando y arrojando informaciones que, lejos de ser ciertas, tratan de crear más confusión sobre la gravedad del momento. Me refiero al anuncio en la prensa estatal de un supuesto interés de empresas rusas por invertir en Cuba.

¿De verdad alguien puede creerse que, en este momento, con la que está cayendo, y la que va a caer, pueda haber algún ruso planeando una inversión en la Isla? Es tan absurdo e irreal este planteamiento, que ni tan siquiera se lo creen los propios dirigentes comunistas. Además, se pone énfasis en que se trata de invertir en proyectos a largo plazo en Cuba a pesar de la presión externa, según declaró Dmitri Chernishenko, copresidente de la comisión intergubernamental mixta.

¿Largo plazo en Cuba? Increíble, pero como se puede ser tan mentiroso. ¿Qué largo plazo tiene el régimen comunista cuando se encuentra en fase terminal y en medio de una grave crisis humanitaria de la que no saben salir? ¿Qué plazo es el que se puede aceptar como realista para el actual sistema económico en Cuba?

Que no vengan con monsergas. Los empresarios rusos saben que cuando esta experiencia totalitaria llegue a su fin, las preferencias internacionales van a ir por otros derroteros. De hecho, no deja de ser curioso que los dirigentes de La Habana llevan décadas anunciando inversiones de empresas rusas que el sentido común acaba aparcando, sin que lleguen a concretarse. Y ahora no tendría por qué ser diferente.

La declaración de Chernishenko se produjo durante un diálogo empresarial «Rusia-Cuba: cooperación en condiciones turbulentas. Inversión, turismo, tecnologías» celebrado durante el Foro Económico Internacional de San Petersburgo (Spief 2026). Si, el acto que se vio sacudido por varios misiles ucranianos que impactaron cerca de la sede de este evento.

Las empresas rusas parecen interesadas en el sector agroindustrial y tecnologías. Que se asesoren bien, la cosa no está para fiestas. El primero, funciona actualmente de forma maltrecha, situándose por debajo de los niveles alcanzados en 1989, lo que constituye un auténtico desastre. El segundo, comprometido por la fuga de talento, la baja o nula productividad y la escasa implantación de iniciativas privadas en el sector. Colocar el dinero en estos sectores es perder y perder.

Por otro lado, se anunció que 90 empresas rusas están interesadas en exportar a Cuba productos cárnicos, lácteos y pesqueros, lo que no deja de ser un punto interesante si con ello se pudieran atender las necesidades de alimento de la población, pero el problema es quién paga los cargamentos, cómo y cuándo. Los rusos condonaron hace años la deuda soviética de Fidel Castro, pero ya no van a más.

La nota de la prensa oficial insiste en que Rusia puede ofrecer a Cuba soluciones en el ámbito de tecnología de la información, ciberseguridad, telemedicina y automatización empresarial, fortaleciendo la relación entre los dos países, que aspira a convertirse en un ejemplo de “la nueva arquitectura de la cooperación económica internacional”. De verdad se creen que es posible esa nueva arquitectura, que lleva años esperando por tener acciones concretas y que no se acaba de poner en marcha porque los empresarios rusos de 2026 no son los soviets bolcheviques de 1917 y en absoluto tienen el menor interés de participar en las majaderías comunistas de La Habana.

Pérez-Oliva Fraga pudo tener su momento de gloria en San Petersburgo, después de haber hecho acto de presencia días antes en la Unión Euroasiática, mostrando al mundo entero que Cuba no es una nación embargada o bloqueada porque se puede relacionar económicamente con todos los países del mundo. De hecho, dijo a los empresarios rusos que “Cuba es un país de la región de América Latina y el Caribe donde las empresas rusas puedan desarrollar de manera plena y con total confianza sus actividades”. ¿Y el embargo, qué?

Pérez Oliva Fraga pidió a los rusos invertir en la generación, distribución y eficiencia energética y fuentes renovables, mostrando de ese modo, la preocupación de La Habana por la grave crisis energética, de la que los dirigentes no saben cómo salir porque nadie está dispuesto a suministrar petróleo a la Isla sino es previo pago.

Rememorando episodios lamentables de la historia de Cuba, Pérez Oliva Fraga dijo que las refinerías cubanas “también están abiertas a la cooperación con empresas rusas con incentivos como la venta directa de combustible a los mercados mayorista y minorista y la eliminación de los impuestos mayoristas a los combustibles”.

Pérez Oliva Fraga es quizás muy joven y, por ello, ignora que la llegada del petróleo ruso en los años 60 a las refinerías cubanas fue el comienzo del desastre para la economía nacional, por la distinta densidad que tenía respecto del petróleo de Estados Unidos lo que acabó provocando el mal funcionamiento de las refinerías de la Isla. Los comunistas repitiendo la misma historia, como un disco rayado, y ofreciendo inversiones en los sectores de turismo, transporte, minería, salud, industria biofarmacéutica e infraestructura como aeropuertos, ferrocarriles y carreteras, industria agraria y agroalimentaria, como si fueran de su propiedad.

El argumento para justificar la inversión rusa en Cuba en estos complejos momentos no es otro que “es atractivo hacerlo ahora porque muchos competidores internacionales no quieren hacerlo, lo que abre una ventana para Rusia”. Ese fue el mensaje de Pérez Oliva Fraga a los rusos. Parece mentira. Nada que ver con el alegato a favor de la transparencia y la verdad de Kennedy.

 

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