¿Qué quiere Vietnam en Cuba? ¿Qué quiere Díaz Canel de Vietnam?

Elías Amor Bravo, economista

En medio de la onda mediática desatada tras la publicación de las “Transformaciones económicas” el relato de La Habana giró de forma inesperada hacia Vietnam. Sorprendente. Porque los dirigentes comunistas cubanos nunca contemplaron la eventualidad de implementar un Doi Moi en Cuba, similar al que llevó a  Vietnam en menos de una década a convertirse en una nación próspera, exportadora del producto básico del que carecía antes de la reforma, el arroz. Entonces, ¿Por qué ahora se habla de la experiencia de Vietnam y antes no? ¿Por qué se enaltecen las reformas económicas del país asiático? Incluso, la prensa oficial castrista se deshace en halagos al referirse a la coincidencia de “sentimientos, principios morales y propósitos” entre los dos países. ¿Es que acaso Vietnam puede llegar a convertirse en una nueva Venezuela para el régimen de La Habana? No lo parece.

Veamos por qué. Cierto que muchas de las “transformaciones económicas” vienen escritas en clave de Doi Moi, el programa económico que convirtió a Vietnam en una economía de mercado regida por el partido comunista único, pero sinceramente, hay un punto de ruptura entre los dos modelos. En Vietnam, la propiedad de la tierra pasó a ser privada, en su totalidad, con una retirada del estado de lo que había sido su titularidad exclusiva y campo de actuación. 

En Cuba, la propiedad de la tierra sigue estando en esa nebulosa estado-pueblo que impide cualquier parecido con la nación asiática. Difícilmente va a ser Cuba aceptada en organismos internacionales de especialización económica con esa máscara de falsedad igualitaria que es la principal ruina del sector agropecuario, desde los tiempos ya lejanos de las expropiaciones y confiscaciones de la llamada “reforma agraria”. Así que, por aquí, se puede respirar con tranquilidad.

Visto en esta perspectiva, que se reúnan los comunistas cubanos y vietnamitas se podría considerar una pérdida absoluta de tiempo, mientras que se dediquen a hablar de "heroísmo de los pueblos" y otras majaderías de la ideología que comparten. Mejor sería que hablaran de cómo se genera riqueza y prosperidad en las naciones, como se promueve el desarrollo de los factores de producción, la productividad y los salarios. Pero mucho nos tememos que en La Habana no están muy por la labor de seguir la senda de sus socios de Vietnam, aunque digan lo contrario.

Para hacer teatro, la gente de Diaz Canel son especialistas. Entre saludos fraternos, sensibilidades, muestras de apoyo y gestos de amistad, parece que se desaprovecha la oportunidad de saber por qué Vietnam pasó a ser en un lustro una potencia exportadora de arroz, producto que antes debía importar y que sometía al pueblo a hambrunas periódicas. Desde esta perspectiva, el contenido de la reunión de La Habana entre vietnamitas y cubanos tiene poco o ningún interés. A Estados Unidos precisamente, no le preocupa que Cuba y Vietnam hablen. La nación asiática superó el trauma de la guerra y mantiene con la potencia de norte américa unas magníficas relaciones económicas y comerciales.

Por eso, en La Habana están atentos a cualquier movimiento que les pueda beneficiar, y Díaz Canel aprovechó la presencia de la delegación vietnamita para lanzar un mensaje inequívoco para que fuera escuchado por el equipo de Marco Rubio, “creemos en el proceso de construcción socialista en Vietnam definitivamente, que se convierta en referente para todas las transformaciones que venimos realizando en nuestro país como parte de la actualización de nuestro modelo económico social".

¿Por qué este cambio? En La Habana no querían ni oír hablar del modelo de Vietnam hace un año, y ahora lo toman como inspiración. ¿Por qué este cambio ahora? ¿Tal vez un mensaje de tranquilidad al equipo negociador de Rubio? El silogismo parece claro. Si los americanos se entienden con los vietnamitas, entonces, nosotros si hacemos lo mismo que ellos, también podemos entendernos. Cuidado que por aquí pueden ir los tiros.

La visita del dignatario vietnamita no se improvisa en unas semanas, y probablemente estuviera planeada desde bastante tiempo antes. Los asiáticos no cruzan medio mundo para hablar de “históricos lazos de amistad entre nuestros partidos, nuestros gobiernos, nuestras naciones y nuestros pueblos”.  El tema económico debe estar en la agenda oculta y no se dará a conocer, porque se presenta en un momento en que La Habana “está viviendo uno de los momentos más desafiantes en su historia”.

Y justo aquí es donde Diaz Canel cambió el paso y se dedicó a lanzar ataques contra “el bloqueo más prolongado en la historia de la humanidad, el bloqueo más intenso, un bloqueo sumamente genocida y criminal”. Y esto le sirvió para ocultar el trasfondo de la visita del dirigente vietnamita y la delegación que le acompaña. 

No se que pensará usted amable lector, pero algo se está cocinando en los fogones vacíos de La Habana, y cualquiera que sea el plato, no será de nuestro agrado, básicamente porque la transición a la democracia en Cuba no se debe basar en la prioridad de la economía y el mantenimiento inalterado de las instituciones políticas (modelo de Vietnam) sino en un ejercicio común y sincrónico de ambos cambios en lo económico y político.

Algo puede quedar claro. No parece que Vietnam esté en condiciones de actuar como una nueva Venezuela, y en La Habana ya lo saben. Pero servir de inspiración para los cambios económicos es algo incuestionable si se leen las 176 medidas del programa. Si se exceptúa la cuestión de la propiedad de la tierra, la mayor parte de los cambios se basan en las realizaciones de los comunistas en Vietnam que, sin embargo, no han hecho llegar los proyectos prometidos de inversión en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel, por mucho que desde La Habana digan lo contrario.

En su discurso de despedida, Le Hoai Trung, miembro del Buró político comunista de Vietnam, proclamó que “los funcionarios y dirigentes del partido comunista de su país están siempre pendientes del hermano pueblo de Cuba, y tienen gran interés por la situación de la nación caribeña (…) así como por los logros de la revolución en la edificación del socialismo”. Y concluyó señalando que “nosotros valoramos altamente y apreciamos las nuevas decisiones del Partido y del Estado de Cuba para aprobar las grandes políticas de transformación económica, que se han acordado en el pleno extraordinario y en la Asamblea Nacional”. Un mensaje tan tierno, procedente de alguien que ha construido una de las economías de mercado más sólidas y competitivas de Asia, hizo que muchos se acabaron preguntando, ¿Qué quiere Vietnam de Cuba?

Saquen ustedes las conclusiones que quieran, pero esta no es una reunión protocolaria más entre viejos socios comunistas. Marrero, por ejemplo, calificó como “aportadora la información ofrecida en el encuentro por el compañero Le Hoai Trung para el momento en que nos encontramos”. Y entonces, aclaró la cuestión del principio, al afirmar de manera tajante que “estudiamos mucho la propia experiencia de Vietnam” porque según Marrero, “Cuba está buscando nuevas fórmulas para lograr sustentar las conquistas de la revolución y fortalecer nuestro socialismo”. Blanco y en botella.


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