Díaz Canel ante un callejón sin salida
Elías Amor Bravo, economista
¿Qué fue lo que se dijo en el cónclave extraordinario de los comunistas en La Habana? Pues a modo de resumen, se proclamó que “hay que cambiar de forma necesaria y urgente porque la realidad no da para más”.
¿Cambiar? ¿en qué dirección y sentido? ¿para qué y cómo? Que
la realidad en la que se ha vivido durante 67 años no da para más, ¿significa
que el modelo económico marxista leninista está agotado y requiere su
reemplazo?
La cuestión es la misma de siempre. ¿Quién pone el cascabel
al gato?
Pero antes, ¿en qué consisten las transformaciones para la
vida económica y social del país, adaptadas a 23 ejes fundamentales y 176
propuestas, con las que se espera superar la grave crisis actual y seguir
creciendo?
En el
palacio de la revolución, sede del cónclave, el miércoles por la tarde, se hizo
silencio sepulcral para tratar de entender de qué van estas transformaciones.
Díaz Canel
tomó la palabra para proclamar que las transformaciones se inspiran en Raúl
Castro, como no podría ser de otro modo, o sea, más de lo mismo. La
realidad acaba siendo tozuda, porque quién disfrutó con cierta tranquilidad del
poder totalitario absoluto durante décadas, difícilmente puede servir de guía
de nada y ayudar a interpretar el signo de unos tiempos extraordinariamente
“complejos y desafiantes”. Mal hacen los herederos de Raúl en buscar la guía
espiritual del “guru”.
Las cosas
ahora son muy distintas. Un ejemplo; para Estados Unidos, el régimen de La
Habana forma parte de la lista de países que patrocinan el terrorismo y está
reconocido como una amenaza para la seguridad del vecino del norte. Esto ha
provocado una situación excepcional en las relaciones diplomáticas que, ante la
ausencia de una fuente externa de financiación como lo fue Venezuela, hace
aparecer las contradicciones de una economía y un sistema político que no
pueden continuar funcionando, pero que se resisten a dar por finalizado. O,
dicho de otro modo, que la situación actual es probablemente mucho más grave de
lo que se dice.
En cierto
modo, la realidad se ha encargado de mostrar al régimen de La Habana que no
tiene futuro. Las dos órdenes ejecutivas presidenciales del 29 de enero y
el 1ro. de mayo, suponen un antes y un después en la dinámica histórica de un
sistema político y económico que no puede, ni debe, seguir escudándose en
cercos, bloqueos, asfixias, persecuciones y demás, porque con ello, muestran la
notable debilidad y crisis estructural del modelo ideado por los
hermanos Castro hace 67 años.
Díaz Canel
atacó la “subversión político-ideológica mediante la intoxicación mediática en
las redes sociales, para dañar la credibilidad de la revolución”, pero en
ningún momento se acordó de prácticas similares de su régimen contra ciudadanos
cubanos y extranjeros, libres, que decidieron oponerse a un sistema político
que utilizaba sus cartas para intoxicar y desinformar, construyendo relatos
ajenos a la realidad. Una práctica en la que todavía sigue siendo un jugador
aventajado.
Díaz Canel
llegó a afirmar, en tono de estadista internacional que no viene a cuento, que
“se pretende hacer trizas el multilateralismo, alimentar las corrientes
neofascistas y agudizar las tensiones globales, amenazando constantemente la
paz y la seguridad internacionales e intentando quebrar la indispensable unidad
de las fuerzas de izquierda”. Esta vez ha ido demasiado lejos, tanto que quizás
ni el mismo se crea lo que dice. Adoptar una posición tan radical y extremista
en su discurso no es más que otra oportunidad perdida para encontrar una
solución a la grave crisis.
Después
dijo que, junto “al genocidio silencioso que se ha emprendido contra Cuba,
provoca daños inconmensurables y terribles limitaciones en la vida cotidiana de
nosotros como pueblo” las donaciones millonarias prometidas apenas han
llegado en una pequeña parte, lo que significa que “Cuba resiste heroica y
creativamente”, a la vez que sufre un “castigo bárbaro, inmerecido,
insoportable, al que ahora se añade la amenaza de agresión militar como nueva
arma contra la resistencia colectiva”.
Y entonces,
tras ese preámbulo que muy bien podría haber ido por otros derroteros, Díaz
Canel afirmó que “la realidad nos impone cambios urgentes y necesarios. Y
cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del partido
comunista y del gobierno revolucionario no es explicar mejor la crisis, sino
cambiar lo que haya que cambiar para salir de ella”. Más claro, blanco y en
botella.
Llegados a
este punto, comenzó a detallar lo que él cree que se necesita.
En primer
lugar, “una agenda económica profunda y ágil, ejecutable en corto plazo,
que combine estabilización macroeconómica, incentivos para estimular y promover
una apertura productiva, seguridad jurídica, atracción de inversión, uso
intensivo de tecnología y una protección social focalizada y efectiva”.
Para lograr
ese diseño, informó que se ha trabajado intensamente, con carácter
plebiscitario, en colaboración con la Asociación Nacional de Economistas y
Contadores de Cuba (ANEC); con la consulta del Programa Económico Social para
2026; los criterios de economistas y expertos; los debates y aportes formulados
por la Comisión Económica del CCPCC; de los Lineamientos de la Política
Económica y Social aprobados y actualizados en los 6to., 7mo. y 8vo. Congresos
del Partido Comunista de Cuba; de los planteamientos del xi pleno del Comité
Central y la labor de las comisiones que han estado preparando los documentos
para el pospuesto IX Congreso del PCC, por las razones conocidas, en cuanto a
la actualización de la Conceptualización del modelo económico y social, los
lineamientos y el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social (PNDES) hasta
2030. En Economía, tener solo una visión de la realidad, por muy coincidente
que sea, es un grave error. Mucho nos tememos que la consulta realizada no se
haya dirigido a impulsar los cambios que son necesarios. Tiempo habrá para
comprobar.
Por si esta
consulta colectiva no fuera suficiente, Díaz Canel dijo que se han estudiado
las experiencias de la construcción socialista en China y
Vietnam, e incluso se ha acudido a la inteligencia artificial para profundizar
en la búsqueda de referencias y evaluar las propuestas en relación con las
leyes y normativas vigentes.
En
cualquier caso, señaló que el desafío consiste en “continuar avanzando en el proceso de construcción
socialista, de defensa de la Revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento
de nuestra sociedad, al mismo tiempo que se avanza en la reconstrucción
económica para afrontar el bloqueo económico, financiero, energético y
comercial que sufre el país”. Una vez más, quién mucho abarca, ya se sabe.
En segundo
lugar, planteó la necesidad de “desatar las fuerzas productivas, que
haya más producción en vez de más restricción, porque está probado que el
control sin oferta solo desplaza operaciones al mercado informal”. Llevamos más
de quince años desatando las fuerzas productivas, buscando "estremecimientos" como decía Raúl Castro, pero todo sigue igual porque
el estado, el poder político acaba teniendo la última palabra y todo el mundo
obedece al de arriba por lo que pueda ocurrir.
Para lograr
dicho objetivo, dijo que es necesaria “la igualdad e integración de los
actores económicos en función del pndes-2030 y de las estrategias de
desarrollo territorial y local: empresa estatal, mipymes, cooperativas,
productores agropecuarios, los inversionistas extranjeros y cubanos, los
residentes o no residentes: todos deben actuar y aportar, bajo reglas claras,
al desarrollo socioeconómico del país”. ¿De verdad alguien se cree que en la
Cuba comunista un TCP o una mipyme puede ser igualn derechos o presencia social que una empresa estatal?
Está además
la otra cuestión, ¿bajo qué reglas? Porque si se mantienen las actuales y no se
avanza hacia la libertad económica, todo quedará en nada. Difícilmente se podrá
exportar y producir para captar e ingresar divisas y hacer un uso productivo de
ellas, si la oferta productiva nacional carece de atractivo e interés en los
mercados mundiales.
Algo de
historia viene bien. Las divisas que llegaron a la potencia azucarera de
mediados de siglo XX que fue Cuba, no caían del cielo como el maná, sino que
eran el resultado de las gestiones de empresarios y comerciantes que viajaban
por medio mundo ofreciendo un producto de calidad a un precio competitivo. Un
producto competitivo con el que Cuba obtenía divisas suficientes para comprar
lo que necesitaba en el exterior. Y ese sector azucarero no fue la obra del
estado ni nada parecido, sino del sector privado empresarial que lideraba la
economía nacional.
Por lo
tanto, el sector privado crea riqueza, la estimula y la hace aumentar
por medio de las inversiones. Lógico es que ese esfuerzo tenga su recompensa en
materia de beneficios. La justicia social, que supone implementar
políticas fiscales redistributivas, tiene sentido solo en la medida que el
capital obtenga su recompensa. La revolución comunista cubana ha fracasado
en su objetivo de justicia social porque se ha olvidado de quien genera la
riqueza.
Un proceso
de generación de valor sostenible depende de la calidad de las normas y la
seguridad jurídica. Un adecuado diseño constitucional, y de ahí para abajo al
resto del ordenamiento debe permitir a los gestores de riqueza contar con un
espacio adecuado para la firma y cumplimiento de contratos, compraventas,
arrendamientos, concesiones, derechos de superficie y licencias, con
estabilidad temporal y protección contra cambios arbitrarios. Y ese espacio, no
existe en la economía cubana actualmente. Ni se ve a las autoridades en la
línea de dar una solución.
Lo malo de
todo esto es que Díaz Canel no tiene ni idea de cómo convertir a Cuba en una
economía atractiva a nivel mundial y de qué modo obtener divisas. Que él lo
desconozca, no significa que los empresarios, actuales y futuros, no lo sepan.
La mentalidad de Díaz Canel es de burócrata de partido, y por eso considera
necesario impulsar cuestiones estratosféricas, como la digitalización con
trazabilidad, la facturación electrónica, pagos digitales, registros públicos y
datos interoperables como base para reducir evasión, corrupción y
discrecionalidad. Como si la economía cubana estuviera para estas monsergas
actualmente.
Y aquí
viene el debate, porque si bien Díaz Canel reconoce que la economía tiene que
ser más productiva y generar más riqueza, al mismo tiempo exige que cada una de
las acciones a emprender no incrementen desigualdades sociales; al
contrario, se vayan atenuando hasta desaparecer. Esto no parece posible por
simple regla matemática de la economía, que no viene a cuento en este punto. El
crecimiento económico genera desigualdades, porque en caso contrario, no
tendría lugar. La política económica democrática cuenta con un arsenal de
instrumentos fiscales de probada eficacia para conseguir justicia y equidad,
sin necesidad de aceptar obligatoriamente diseños constitucionales basados en
marxismos trasnochados.
Díaz Canel
debe entender que el proceso de generación de renta y riqueza de la economía
cubana no está al alcance de sus manos, que no lo puede dirigir ni
controlar. Que el paradigma marxista de la economía ha probado su incapacidad
para promover el desarrollo y bienestar de los cubanos. Que la dirección
política de la economía es un paradigma que quedó atrás en la guerra fría y que
en la actualidad es inviable.
Por eso,
tiene poco sentido que proponga “una apertura selectiva e inteligente: atraer
tecnología, financiamiento, mercados y conocimiento externo, protegiendo
sectores estratégicos mediante regulación, no mediante inmovilismo”, porque esa
apertura, de tener lugar realmente, sería todo lo contrario a lo buscado por
políticos de ideología marxista. El cambio puede llegar, pero nunca con
las reglas actuales.
Además, la situación es tan grave que ya no hay tiempo
para experimentos, y que
la idea de “reformar por fases y por pilotos verificables, conservando la
conducción estatal y corrigiendo el rumbo con evidencia para lidiar y minimizar
los posibles costos económicos y sociales” llega tarde y no asegura que se
consigan los objetivos señalados.
¿Y qué
decir de la exigencia de unidad política para garantizar consistencia y
credibilidad de las medidas, la comunicación clara y precisa de las decisiones
que se aplicarán, para ganar apoyo a las transformaciones, así como la adopción
de mecanismos compensatorios para mitigar impactos económicos y sociales? En la
variedad está el gusto y nada permite garantizar que la unidad sea la mejor
estrategia para acertar en la salida de la crisis.
En tercer
lugar, Díaz Canel dijo que en su escenario resulta necesario avanzar en al
menos “cinco frentes simultáneos”. Estos frentes son:
1.
Estabilización
macroeconómica y recuperación de los ingresos externos.
Transformación
del modelo económico y social.
Estímulo
y recuperación del sector productivo agrícola.
Fortalecimiento
de la contabilidad y la gestión de los costos.
Previsión
y mitigación de los costos sociales asociados a las transformaciones necesarias
del modelo económico y social.
Tras culpar
al embargo/bloqueo de todos los males de la economía, Díaz Canel giró sobre sus
pasos y señaló que “hay trabas que no vienen de afuera, ni del bloqueo”.
Y ejerciendo un instante de lucidez, citó entre otras, “la lentitud,
burocracia, normas que frenan al que quiere producir y decisiones que hemos
postergado”, para añadir a continuación, “lo que depende de nosotros, tenemos
que cambiarlo nosotros, y tenemos que cambiarlo ahora” en una exhortación a los
asistentes al cónclave que no debió pasar desapercibida.
En esencia,
se trata de “producir más, destrabar más, escuchar más, decidir mejor y rendir
cuentas” aspectos que, aunque parezca mentira deben ser exigidos en su
cumplimiento a la alta jerarquía de la burocracia estatal cubana, porque no
deben tenerlos muy claros en su agenda. Es por ello, que Díaz Canel lanzó la
idea de “poner en
marcha una agenda económica y social de emergencia, con medidas que
forman parte de nuestro programa de gobierno y de políticas aprobadas por el
partido, junto a decisiones que no pueden seguir esperando”.
Decisiones
que calificó de impostergables y que tendrán un responsable con nombre y
apellidos, un plazo definido, un indicador para medir su cumplimiento y una
rendición de cuentas pública ante el país. La gravedad de la situación es de
tal magnitud que Diaz Canel no tuvo inconveniente en afirmar en tono
amenazante, que “lo que
funcione, se ampliará. Lo que no funcione, se corregirá sin demora. Quien tenga
una responsabilidad, tendrá que rendir cuentas por ella; y cuando alguien no
pueda cumplir lo que este momento exige, deberá abrir paso, con
responsabilidad, a quien pueda hacerlo mejor”. Un mensaje que debería aplicarse
de arriba abajo, por cuanto la responsabilidad del desastre es compartida y
solidaria. No parece que Díaz Canel se aplique este principio a su gestión.
En cuarto
lugar, Díaz Canel sorprendió a los comunistas al afirmar “la planificación
central no tendría la función de administrar la economía, sino de crear un
ambiente institucional y normativo adecuado para que las empresas y los
trabajadores estén estimulados en producir bienes y prestar servicios de
calidad y con eficiencia, así como introducir en su gestión innovaciones con
estos fines”.
Si esta
afirmación llega a buen término, se habrá dado un paso destacable en un
eventual desmantelamiento del marxismo económico, al sustituir la planificación
central por una planificación indicativa que existe en las economías de mercado
y permite a los gobiernos fijar un horizonte estratégico para los distintos
actores económicos. La aplicación de esta transformación exigirá cambios en la
constitución comunista de 2019.
En quinto
lugar, y por lo que respecta a la reestructuración del aparato del estado,
el gobierno y las instituciones, dijo “vamos a integrar estructuras donde sea
necesario, revisar funciones duplicadas, reducir pasos innecesarios y optimizar
permanentemente la manera en que se dirige y se sirve al país”.
Siendo
necesaria esta tarea de simplificación, lo que realmente se debe implementar es
una progresiva y valiente reducción del peso del estado comunista en la
economía, situándose en torno a la media de los países de América Latina,
dejando atrás el peso muerto que representa un estado gigante para la economía
cubana.
En sexto
lugar, el tema corrosivo de la autonomía municipal y las facultades que
deben tener los municipios, de ser aplicado acabaría creando unas injustas
desigualdades económicas y sociales en un territorio pequeño. Nada que ver con
lo que necesita la economía cubana que es avanzar de forma sólida. Díaz Canel se
equivoca cuando afirma que se puede potenciar el desarrollo del país desde la
base, desde los municipios.
Los
gobiernos locales deben dedicarse a unas funciones que tienen un impacto
directo en la calidad de vida de los ciudadanos. De ahí pensar que tengan que
exportar o importar, captar inversiones extranjeras o gestionar sistemas
cambiarios, es una aberración económica. El desarrollo económico de los
municipios debe ser armónico y coordinado con el nacional. Las alternativas
pueden acabar dando un resultado peor del existente.
En séptimo
lugar, respecto a la empresa estatal, Díaz Canel insistió en que estos
armatostes ineficientes y en quiebra parcial muchas de ellas, “deben seguir
siendo el pilar fundamental de la economía” para añadir a continuación que “no
cuenta con verdadera capacidad para gestionar, innovar y responder por sus
resultados”.
Por eso,
planteó la necesidad de reformar la gestión de la empresa estatal sobre la base
de “autonomía real, evaluación económico-financiera, separación de funciones
estatales y empresariales, y aplicación del principio «cumple o explica» para
evitar que la norma se convierta en freno cuando exista una solución más
beneficiosa y demostrable”.
Que las
empresas estatales asuman este paradigma puede suponer un paso importante, pero
no lo parece que lo consigan. Díaz Canel tiene sus propias dudas cuando
reconoció que “autonomía no significa ausencia de control, implica un marco de
responsabilidad; significa poder decidir a tiempo, asociarse mejor, invertir
mejor, pagar mejor y rendir cuentas por los resultados ante el pueblo y ante el
estado”.
Está claro
que los dirigentes comunistas no saben qué hacer con las empresas estatales y
que las referencias a si fortalecimiento no son otra cosa que cantos de sirena.
Para salvar a las empresas estatales no basta con implementar la separación
entre funciones estatales y empresariales, evaluar el desempeño con
herramientas económico-financieras y otorgar autonomía real para gestionar
recursos materiales, financieros y humanos, con control posterior,
transparencia y rendición de cuentas. Hay que plantearse en algún momento la
venta o privatización de estas entidades porque el estado no tiene que ser un
gestor de empresas de su titularidad. La cifra de más de 2.700 empresas
estatales en Cuba requiere una acción más directa.
En octavo
lugar, el eterno dilema del sector agropecuario. Díaz Canel dijo
que “vamos a ampliar la entrega de tierras en usufructo a quienes
estén dispuestos y en condiciones de producir” una frase que indica que el
estado comunista sigue teniendo tierras que no están cedidas y que limitan el
potencial productivo agrícola. Si no las cede, será por alguna razón.
En este
punto, el discurso adoptó tintes populistas y junto a la afirmación de que “No
hay soberanía con el plato vacío», Díaz Canel citó, entre otras,
- «El alimento del pueblo cubano será tratado como lo que es: un asunto de seguridad nacional. Se tendrán que acabar las tierras ociosas en Cuba: o se pone a producir, o se entrega a quien esté dispuesto a hacerlo».
- «Vamos a ampliar la entrega de tierras en
usufructo a quienes estén dispuestos y en condiciones de producir:
productores, cooperativas, mipymes y formas asociativas, sin renunciar
jamás a la soberanía nacional ni retroceder hacia el país dependiente que dejamos
atrás con la Revolución».
- «Vamos a reconocerle al que trabaja la
tierra el derecho a invertir en lo que necesita para hacerla producir.
Pero debe quedar claro un principio: esa tierra seguirá siendo del pueblo;
y si no produce, si no sirve al país, si no cumple su función social,
tendrá que pasar a manos de quien sí pueda ponerla a producir».
- «Y al que se comprometa con resultados de
verdad, que pueda importar directamente: la semilla, el fertilizante, la
pieza, el equipo. Al campesino cubano no se le puede seguir pidiendo más
comida con menos herramientas y con precios por debajo de sus costos. Y
tiene que tener mecanismos de acceso directo a las divisas que funcionen,
como puede ser vender a exportadores, como es el caso del turismo; o al
mercado cambiario».
- «Tenemos que hacer que la tierra sea una oportunidad
y no una carga; que quien siembre vea el fruto de su esfuerzo, que quien
produzca pueda vivir mejor, y que quien invierta en el campo encuentre
seguridad, respaldo y futuro. Cuba necesita de sus campesinos, de su
trabajo y de su confianza. Cuando el campo cubano sea un camino de
prosperidad para quienes lo trabajan, el país será más fuerte, más justo y
más soberano».
Sin ir más
lejos. Una huida adelante suicida para no reconocer la propiedad privada de la
tierra. La experiencia de Vietnam no debió ser de interés para Díaz Canel. La
cesión de tierras no es solución, como se ha podido constatar desde que comenzó
con las reformas raulistas. Si se quiere que la tierra produzca en Cuba tiene
que ser privatizada. No hay alternativa.
En noveno
lugar, y en cuanto a comercio exterior, exportaciones, logística, cadenas de
valor y logística, Díaz Canel dijo que “debemos autorizar la importación y
exportación directa para empresas estatales y no estatales productivas,
exportadoras o que sustituyan importaciones, manteniendo requisitos técnicos y
fiscales, pero eliminando intermediación obligatoria”. Al parecer se pretende
dejar sin efecto las entidades estatales intermediarias en la exportación. Ya
era hora.
En décimo lugar, en lo referente a la renegociación de la deuda, Díaz Canel dijo cosas inquietantes, como que “debemos conducir un proceso de canje de deuda por activos. Enfocado fundamentalmente en la permuta de activos nacionales por deudas sin enajenar en perpetuidad la propiedad de los mismos”. Habrá que estar atentos a cómo se ejecuten estas medidas que, bajo ningún concepto, deben suponer agresiones a la soberanía nacional. Es bueno que el régimen comunista asuma las deudas internacionales y que las pague. Es una decisión correcta.
En undécimo
lugar, Díaz Canel también se refirió a las formas de gestión no estatal,
de las que dijo,
- «Vamos a revisar integralmente la lista de
actividades prohibidas al sector privado, con un principio claro:
sustituir, siempre que sea posible, la prohibición por una regulación
responsable».
- «El país necesita abrir caminos legales,
con reglas claras y controles adecuados, a estas actividades».
- «También vamos a flexibilizar el alcance
del objeto social de las mipymes y demás actores económicos y aliviar de
manera significativa la carga burocrática que hoy enfrentan muchos
emprendedores».
Asimismo,
planteó agilizar la creación de asociaciones económicas entre Formas de
Gestión Estatal y las No Estatales.
En
duodécimo lugar, y sobre la inversión extranjera directa, Díaz Canel
“comentó que la inversión extranjera también se encuentra prisionera de un
enrejado de trabas que obstaculizan su necesario incremento”. Realmente no es
esa la situación, sino la falta de confianza de los inversores en el sistema
institucional cubano, pero Díaz Canel obvió esta cuestión y añadió a
continuación: “No solo debemos decirle al inversor foráneo dónde debe invertir,
sino que también él tenga la iniciativa de invertir en la rama económica de su
interés, así como escoger directamente a sus trabajadores, sin intermediarios
estatales siempre”. Se equivoca. La inversión extranjera en Cuba pide libertad
y menos intervencionismo.
Afirmó que
“debemos autorizar inversión extranjera directa en el sector privado nacional,
incluyendo mipymes, con reglas claras de propiedad, repatriación, reinversión y
solución de controversias” y habló sobre “facilitar modelos de inversión con
diferentes modalidades y con todos los actores”. Y en lo referente al cubano
residente en el exterior dijo que, el que “quiera invertir, donar, importar
tecnología, abrir un mercado o levantar un proyecto en su tierra, vamos a
ofrecerle un marco claro, estable y respetuoso, sin que lo miren con sospecha
por querer ayudar a los suyos o contribuir al desarrollo de la tierra que lo
vio nacer”. Vamos a ver hasta dónde llega esta iniciativa de fomento al sector
privado.
Cerró con
un mensaje, “al que quiera construir con Cuba, sin pretender imponerle nada, le
decimos con el corazón en la mano: aquí tienes tu casa, y aquí tienes la puerta
abierta. Porque a esta Patria, en esta hora, no le sobra ningún buen cubano”.
Del apagón,
en decimotercer lugar, Díaz Canel reconoció que no es solamente un problema
de megawatts o de déficit de generación, para señalar que “el apagón es el
niño que no pudo estudiar para la prueba; la comida que se echó a perder en un
refrigerador; el anciano que pasa la noche en vela, sin descanso y con calor.
Es el hospital que trabaja al límite, el consultorio que no puede conservar un
medicamento, el trabajador que pierde su jornada laboral y el establecimiento
que tiene que cerrar. Por eso la energía no es un tema técnico: es un tema
humano, económico y nacional”.
Por tanto,
sugirió, “acelerar la incorporación de la energía solar a la economía nacional,
como lo hemos venido haciendo. Para lograrlo, facilitaremos la entrada directa
de empresas extranjeras que suministren paneles, baterías, inversores y
soluciones asociadas, reduciendo intermediarios que encarecen los costos para
la población y para el país”.
A tal fin,
dijo que “se eliminaron aranceles a la importación de tecnologías solares,
sistemas de almacenamiento y equipos destinados al ahorro energético; ahora
avanzaremos también en la eliminación de impuestos sobre su venta y sobre los
servicios vinculados a su instalación y mantenimiento” y también “impulsaremos
el transporte eléctrico vinculado a fuentes renovables. Todo vehículo eléctrico
destinado al transporte público, privado o de carga ligera que demuestre que
opera total o mayoritariamente con energía solar podrá acogerse a estímulos
especiales: exención de aranceles, eliminación de impuestos sobre su venta y
facilidades para importar cargadores, baterías, piezas y soluciones asociadas”.
Para
continuar señalando que “promoveremos además la instalación de solineras en
todo el país, con inversión extranjera, privada, cooperativa y estatal,
priorizando rutas urbanas, polos turísticos, zonas productivas y servicios
esenciales y junto a ello, estableceremos una vía expedita para otorgar
licencias de transportista, taxi eléctrico o servicios de movilidad asociados,
bajo reglas claras, control técnico, seguridad vial y precios transparentes”.
En décimo cuarto lugar, cuando
llegó el turno de las desigualdades sociales Díaz
Canel dijo que “la primera prioridad, antes que cualquier otra, son las
personas que no pueden esperar a que la economía mejore. Porque hay dolores que
no entienden de plazos” y también hizo referencia al escenario de “escasez,
colas, bajos salarios y mercado ilegal”.
En este
punto, afirmó que la justicia social se construye sobre bases reales: ingresos
con poder de compra, protección directa para quienes más lo necesitan, y una
economía nacional capaz de producir más. No hay atajos. Estas no son ideas
nuevas; son decisiones que el país discutió y aprobó hace años. El error no
estuvo en plantearlas, sino en haberlas postergado. Y esa etapa de
aplazamientos tiene que terminar”.
En este
punto, propuso dar mayor protagonismo e incentivos a las empresas estatales
para involucrarse en la solución de problemas locales priorizados, tales como
los comedores sociales, el saneamiento, y los centros para niños sin amparo
filial.
Al
respecto, afirmó que los actores económicos “tendrán nuevas tareas concretas,
como llevarle el pago al jubilado hasta cerca de su casa, para que no tenga que
hacer una cola de horas bajo el sol; apadrinar los comedores sociales, los
hogares de ancianos, las casas de abuelos y los centros de niños; crear cupos
solidarios y precios de costo para quien de verdad lo necesita; digitalizarlo
todo, para que se sepa quién aporta, quién recibe y qué resultado da”.
En décimo
quinto lugar, Díaz Canel habló sobre la política fiscal, tributaria, monetaria,
y saneamiento financiero y dijo que “el objetivo principal para reducir el
déficit fiscal está en el aumento de la producción, que es la base de los
tributos, y el decrecimiento de los gastos innecesarios del Presupuesto”. No es la forma de reducir el déficit, que o se corrige con más ingresos o con menos gastos. Lo demás es todo bobería.
Reconoció la necesidad de “corregir una política que no dio los resultados esperados. Los
topes de precios, en la práctica, no lograron contener la inflación: muchas
veces provocaron desaparición de productos, desvíos hacia la ilegalidad,
mayores precios, menos recaudación de impuestos y una carrera imposible entre
precios reales y decisiones administrativas que siempre llegaban tarde, o que
se mantuvieron inamovibles en desconocimiento de la realidad económica
cambiante, limitando a todos aquellos que desean desarrollar su actividad
económica en el marco de la legalidad y de forma transparente. Por eso no vamos
a seguir topando precios de manera general”. Topar precios forma parte del arsenal anterior a 2010 y parece mentira que todavía anden adjudicando responsabilidades.
En la misma
línea señaló que “hay que corregir distorsiones del sistema tributario que hoy
encarecen los encadenamientos productivos y terminan trasladándose al precio
final”. Habrá que ver de qué distorsiones habla Díaz Canel.
En décimo
sexto al vigésimo segundo, se anunciaron las medidas sobre el sistema bancario y financiero, sobre la
importación de combustibles, la importación de vehículos eléctricos, para la
cual se eliminan todas las trabas, sobre comercio interior, capital humano,
salarios e incentivos, así como sobre transformación digital, software e
inteligencia artificial, y economía del conocimiento, Díaz Canel mantuvo las
líneas actuales de trabajo sin aportar cambios significativos. En el
mismo espacio, expuso algunas ideas y propuestas sobre el turismo y los negocios inmobiliarios, el
gobierno digital, datos públicos y control inteligente.
Y hacia el
final de su intervención, en un mensaje con tono alterado, destacó:
«Cuba no
necesita más dilaciones; necesita soluciones. No se trata de crear más oficinas
ni de multiplicar reuniones, sino de lograr resultados concretos». Entiendo que
Díaz Canel tiene la máxima responsabilidad en este asunto de ahí su preocupación.
«Gobernar
es resolver, destrabar, acompañar y hacer que las decisiones se conviertan en
mejoras reales. Porque crear en Cuba, invertir en Cuba, trabajar en Cuba y
quedarse en Cuba también depende de que el país sea capaz de abrir caminos,
ordenar con inteligencia y apoyar a quienes quieren aportar». Otro tanto que antes, ¿En quien espera Díaz
Canel para que le resuelvan los temas?
«Junto a
las oportunidades económicas, vamos a impulsar también espacios concretos para
que los jóvenes puedan actuar desde sus comunidades. La Red Juvenil Comunitaria
debe ser una vía para que un joven encuentre dónde formarse, dónde emplearse,
dónde servir a su comunidad y dónde convertir una idea en un proyecto real».
Otra iniciativa más de corte estalinista, rechazada por los jóvenes cubanos, que están más
cerca en sus preferencias, de un concierto de Bad Bunny que de estas consignas comunistas para
manipularlos.
«Esta red
debe articular iniciativas útiles en los barrios: recuperación de espacios
públicos, apoyo a personas vulnerables, actividades culturales y deportivas,
formación en oficios y tecnologías, comunicación comunitaria, proyectos
productivos, empleo local y acompañamiento a jóvenes en situación de riesgo».
Lo dicho. Representa más intervención, control y delación. Justo lo que rechaza de forma
masiva la sociedad cubana.
«No se
trata de crear una estructura más ni de convocar a los jóvenes solo para
recibir orientaciones. Se trata de darles capacidades, herramientas,
conocimientos, responsabilidades y espacios reales para transformar el lugar
donde viven. Porque quedarse en Cuba también tiene que significar tener un
sitio donde ser útil, crecer, aprender, liderar y construir futuro desde la
cuadra, la escuela, el centro de trabajo y el municipio». A los jóvenes no hay
que darles consignas, sino empleos con buenos salarios o libertad de elección,
justo lo que buscan en otros países cuando huyen del comunismo.
Además,
concluyó que: “Conocemos nuestro país. Sabemos dónde está la traba, dónde se
esconde la corrupción, dónde sobra la lentitud y dónde faltan la vergüenza y la
dignidad”. Pues no parece que ese conocimiento superior quede acreditado por
todo lo expuesto. La traba y la corrupción forman parte del sistema y solo
desaparecerán si la economía de planificación central cambia.
«Cada
medida que anunciamos tendrá responsables, plazos e indicadores. Vamos a
informar lo que avance, lo que se incumpla y lo que haya que corregir».
Responsables de qué y para qué.
Muchas de
las frases finales del discurso tomaron un perfil dramático que, en muchos
casos, sirvió para presentar un dirigente político vencido ante los
acontecimientos.
Cómo si no
interpretar la frase “ya nos enseñó Martí que hay cosas que, para lograrse, han
de andar ocultas” o la otra, “como pueblo no nos vamos a convocar solamente
a resistir. Nos vamos a convocar a crear. A producir. A
decidir. A fiscalizar. A prosperar, y a transformar”. Y otra que se
inscribe en la misma línea, “porque
esto que empezamos hoy no lo hace un gobierno. Esto lo hacemos todos o no lo
hacemos: con el campesino que vuelve a sembrar, con la mipyme que se atreve,
con el técnico que instala el primer panel, con la maestra, con el médico, con
el joven que decide quedarse y apostar por su tierra, con el cubano residente
en el exterior que tiende la mano. Contigo. Conmigo. Con todos”.
El tono
dramático del discurso quedó evidente al proclamar, “no vamos a negar los
problemas, a defender la burocracia, a cerrarle la puerta al talento, abandonar
a los vulnerables, ni vamos a permitir, jamás, que el sufrimiento de este
pueblo causado por el perverso bloqueo imperialista, se use contra la soberanía
de la Patria” para sentenciar, “nada será imposible si asumimos el desafío como
oportunidad y la historia como inspiración”.
Llegó
incluso a presentarse personalmente, afrontando momentos difíciles como los que
tuvieron por delante Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez, Martí, Mella, Villena,
Guiteras, Che, Camilo, Almeida, Fidel y Raúl, “nuestros héroes enfrentaron
momentos tan o más difíciles para su época, que estos que enfrenta hoy la nueva
generación revolucionaria” añadiendo que “todos emergieron de esos desafíos con
honor y gloria, aún aquellos caídos en combate sin llegar a ver la victoria,
porque nos legaron lecciones de coraje que perdurarán, como se verificó el 3 de
enero de este año, cuando 32 combatientes cubanos cayeron enfrentando a tropas
élites, muy superiores en número y en medio”.
En un tono
menos vehemente, Díaz Canel reconoció que “ninguna Revolución la ha tenido
fácil. Y la nuestra ha tenido la osadía de sobrevivir a seis décadas de
bloqueo, leyes genocidas, guerra híbrida y una escalera de medidas coercitivas
unilaterales que ninguna otra nación soportó ni soportaría por tanto tiempo”.
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