El castrismo ante la encrucijada del modelo de turismo

Elías Amor Bravo economista

El sector hotelero en las potencias turísticas europeas no las tiene todas consigo, en la actual coyuntura abierta por la variante ómicron, y pide a los gobiernos más protección para afrontar las perspectivas de los próximos meses, al menos hasta semana santa, e, incluso, el verano. En el caso de España, los hoteles vuelven a pedir al gobierno que extienda  la aplicación de los ERTE por las cancelaciones masivas de reservas hoteleras y la reducción de los vuelos en estos primeros días del año. En Francia, se han anunciado 100 millones de euros para ayudar a las empresas más afectadas por la pandemia, reduciendo el umbral para las empresas del sector que hubieran incurrido en pérdidas por las restricciones aprobadas durante la crisis del coronavirus. Francia aprobó un rescate de 18.000 millones para el turismo, de los que solo Air France se ha llevado 14.400 millones en dos fases: una primera en 2020 de 10.400 millones y otra segunda en 2021 por 4.000 millones. Otros países van por el mismo camino.

¿Corre el pánico? No es para menos. Si hay algún sector que se está viendo afectado por las olas del COVID-19 el turismo es el más destacado. La gente teme los contagios y suspende los viajes para cuando las cosas estén mejor. Y así vamos dos años, y la bola pica y se extiende.

Estos hechos ponen de manifiesto, para los especialistas del turismo de Exceltur, que la deseada recuperación de la actividad no va a llegar, al menos de momento, y que hay que aguantar más tiempo en las difíciles condiciones de parálisis que imponen los tiempos. Parecía, al menos en España, que desde el otoño, el turismo había vuelto a recuperarse, si bien, nunca alcanzando los resultados anteriores a la pandemia. El clima era optimista, sobre todo, pensando en la llegada de extranjeros que alcanzó niveles de un 70% de los dato anteriores a la crisis. Por otra parte el turismo nacional, en sus distintas modalidades, ofrecía también una favorable evolución que hacía abrigar las mejores perspectivas. Pero, de pronto, apareció ómicron, y todo cambió de repente. Las cancelaciones realizadas por los viajeros, la supresión de vuelos y la incidencia de la nueva variante con cifras astronómicas de contagios, ha generado un creciente temor en el sector hotelero que ha pedido al gobierno la protección de los ERTEs.

Nada hace presagiar que la variante ómicron no vaya a tener incidencia en el turismo que viaja a Cuba, con los mismos efectos paralizantes que está teniendo en las potencias europeas del sector. El régimen comunista cubano preparó la apertura de fronteras a partir del 15 de noviembre tras haber sufrido durante todo 2021 los efectos de la pandemia, y es de suponer que en esta temporada invernal, la alta del turismo del Caribe, se vea afectado por cancelaciones de viajeros procedentes de Europa o Canadá, con reducción de la demanda y por ello, menos ingresos para el sector.

¿Qué tiene previsto el régimen comunista para hacer frente a este escenario? Viendo la experiencia anterior, no parece que se vaya a dar un apoyo semejante al que suponen los ERTE en España o en otros países europeos, con fórmulas similares. Las empresas hoteleras que gestionan los establecimientos del régimen comunista se encuentran así ante un tratamiento diferencial en Cuba con respecto a lo que demandan, y obtienen, en otros, como España. Por otra parte, no parece que el régimen comunista esté preocupado por este tipo de posibles demandas ya que no está en condiciones de atenderlas. 

Lo suyo, al menos de momento, es seguir invirtiendo lo que no tiene en construir más habitaciones hoteleras a pesar de que los mercados no dan respuesta ya que no tiene lugar una mejoría de la crisis sanitaria. Como consecuencia de ello, las tendencias dispares de la oferta y la demanda en el turismo cubano solo pueden acentuar las dudas y la creciente incertidumbre sobre la capacidad de gestión empresarial para continuar haciendo frente a unas responsabilidades de costes, financiación, compras, etc. sin obtener ingresos ni tampoco ayudas del gobierno. 

La paciencia de las empresas  puede agotarse en algún momento, y además, constatar que a pocas millas de distancia hay un país, República Dominicana, donde el sector turístico va viento en popa, puede llevar a alguna empresa hotelera a considerar la posibilidad de dejar de prestar los servicios de gestión hotelera al monopolio turístico comunista cubano y levantar el vuelo. Y cuando esto ocurra, sí que cundirá el pánico. El régimen culpará al bloqueo y al embargo, eso es seguro, pero saben bien que no tiene nada que ver. 

Hay dudas sobre cuándo y cómo se podrá producir esa primera desafección sonora con el modelo turístico comunista cubano, pero si la recuperación no llega, y todo parece indicar que con ómicron va a ser imposible en los próximos meses, la sorpresa puede llegar en cualquier momento, con los efectos que ello puede suponer para el régimen en términos de imagen internacional. Esa salida, pacífica sin duda alguna, pondría de manifiesto que el modelo del turismo cubano ideado por el régimen a comienzos de los años 90 también toca a su fin, y que toca repensar lo que se está haciendo y cómo se está haciendo.

La situación en Cuba es crítica. Desde el 15 de noviembre se ha producido recuperación del turismo, pero ni de lejos ha alcanzado lo que se esperaba. Los niveles de ocupación hotelera, los ingresos, las entradas de viajeros de los principales mercados, han seguido sin levantar el vuelo.  Es cierto que se anuncian numerosos vuelos a Cuba en los próximos meses, pero de la misma forma que se anuncian se cancelan, por cuanto la mayoría son chárter que dependen de la facturación de paquetes turísticos que pueden cancelarse en cualquier momento. Las bases para la recuperación son muy débiles y las empresas hoteleras que gestionan los establecimientos en la Isla lo saben.

Más aun, cuando se enfrentan a un hecho que, por ejemplo, en Francia o España no ocurre, y es que cuando falla la demanda internacional, el turismo nacional aparece como relevo en la actividad. Eso en Cuba, como se ha podido comprobar, es imposible, y dada la notable pérdida de poder adquisitivo derivada de la inflación, los cubanos son ahora más pobres y tendrán que dedicar los ingresos a atender necesidades básicas.

Cabe esperar, si las cosas no mejoran, que se produzcan cierres hoteleros, lo que no ayudará a consolidar la imagen turística de Cuba y el posicionamiento que quieren alcanzar los dirigentes. Las reservas de temporada alta, en enero y febrero, se están viendo paralizadas conforme el ómicron avanza en los principales mercados, como Canadá. Por desgracia para Cuba, las reservas de última hora no funcionan en el turismo caribeño. De modo que la temporada alta, en la que se habían depositado las expectativas de obtener ingresos para las arcas del estado comunista, pasará en 2022 sin pena ni gloria.

Las perspectivas no son buenas, y muchas empresas hoteleras sin ingresos ni ocupación, se inquietan por tener que mantener los costes de sus trabajadores e instalaciones, por segundo año consecutivo. El sector privado ha desaparecido ante esta coyuntura y muchos tendrán dificultades para volver a sus negocios cuando pase el temporal.  Mantener los hoteles abiertos en Cuba sin actividad, cuando en España o Francia se negocian fórmulas para su cierre y mantener a los trabajadores en casa cobrando sus salarios, crea diferencias incomprensibles y que tampoco se pueden justificar, que algún consejo de dirección calificará de inadmisibles, proponiendo el cierre de operaciones. Esa salida de Cuba de los gestores hoteleros puede ocurrir en cualquier momento y sus consecuencias para el régimen, pueden ser devastadoras.

La razón es que después de dos años de parálisis, el optimismo ha  desaparecido de las perspectivas de las empresas hoteleras. Las nuevas restricciones impuestas en la mayoría de países abren un escenario de incertidumbre que puede llevar a tomar decisiones trascendentales. Más aún, cuando hay destinos en que estas empresas están presentes, y que están teniendo una dinámica mucho más favorable que Cuba. Sin duda, 2022 podría significar el comienzo de fin para el modelo turístico comunista cubano que fue ideado a comienzos de los años 90 como una fórmula de gestión complementaria basada en la acción de oro para el estado comunista y que ha podido funcionar durante 30 años, pero ha llegado a su fin, y exige, como otros muchos sectores de la economía cubana, una reforma en profundidad de sus estructuras para adaptarlo a los nuevos tiempos.


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