Esperando la publicación del presupuesto de 2022

Elias Amor Bravo economista

Si nos atenemos a las fechas del pasado año, faltan pocos días para que se publique en la Gaceta Oficial el presupuesto del régimen comunista cubano para 2022. El año pasado fue el 11 de enero. Está cerca. Y además, existe interés entre los analistas por tener información cuantitativa de unas cuentas que, hasta la fecha, solo han sido objeto de una presentación general por parte de la señora Bolaños, por decirlo con claridad, un mero trámite formal.

Los presupuestos se tienen que analizar con detalle para ver si realmente se corresponden con la realidad que dicen querer atender y si están en relación con el entorno económico al que se refieren. Trasmiten señales poderosas a los agentes económicos para saber qué decisiones se deben adoptar para obtener el mayor beneficio posible de las cuentas públicas. No conviene olvidar que los presupuestos son, ante todo, un reflejo de la voluntad política de quien gobierna, y en sus cuentas se dibujan los colectivos a los que se quieren canalizar los fondos que, por otra parte, se obtienen de la sociedad.

En la economía cubana, donde el régimen siempre anda hablando de respeto a la justicia social, dar prioridad la vida y el bienestar de sus ciudadanos, el análisis de las cuentas de 2022 permitirá confirmar no solo esos extremos, sino de qué forma se pretenden conseguir. Como todo lo que se mueve en Cuba, estos presupuestos reflejarán la ideología del partido único y su modelo económico y social, no admitiendo fórmulas alternativas de gestión de los fondos públicos.  Y, en buena medida, como ha ocurrido en los últimos años, no se atenderá al respeto a los equilibrios presupuestarios, sino que como ya se ha conocido, el déficit volverá a despegar, incrementando el nivel de endeudamiento de la economía hasta cifras insostenibles.

Luego, para  ocultar las incompetencias, los dirigentes comunistas responsabilizarán a la pandemia o al embargo/bloqueo de los desmadres de gasto y déficit, pero en el fondo, los que analizan la economía cubana saben que este tipo de mensajes van dirigidos a audiencias cautivas, que tienen poco que decir sobre el estado actual y futuro de la economía cubana. En los días y semanas previos se ha recibido información sobre las características del proyecto de presupuesto del estado pero no se dispone de la información cuantitativa tan solo unas partidas sueltas.

Y si en el año del Ordenamiento el presupuesto se adaptó para atender aventuras irresponsables y extraordinarias de gastos en expansión a los que no hubo otro remedio que recurrir ante las crecientes protestas sociales, en 2022 la actuación del régimen va a ser observada con detalle para comprobar si asumen la responsabilidad  en el control de los gastos y del déficit, a la que vez que reordenan los programas con el objetivo de potenciar la actividad económica y productiva, sobre todo privada, y se reducen los programas de gasto corriente estructural que alejan a la economía de posiciones de estabilidad.

En ese sentido la reducción de los subsidios y gratuidades, que era una medida en la línea correcta para ser implementada, no alcanzó sus objetivos porque las empresas entraron en situaciones de insolvencia, al no poder afrontar los aumentos salariales que establecía la Tarea Ordenamiento y la presión extractiva del régimen. A resultas, cabría pensar que dado el fracaso producido en este mecanismo de intervención, el gobierno debería ir pensando en otros instrumentos que permitieran a las empresas salir del bache en que se encuentran provocado por el propio gobierno con sus medidas.

Por otra parte, para continuar con la expansión de los gastos en sanidad, o las ayudas a colectivos vulnerables, los programas en barrios y comunidades, van a ser necesarios ingresos tributarios y no tributarios que, como consecuencia de la recesión de la economía desde 2019, han ido disminuyendo. Esto debería llevar al régimen a pensar en reformas impositivas que sirvieran para hacer crecer la economía y con ello, la recaudación, y no al revés.

El presupuesto en Cuba es importante por el peso del estado en la economía, alrededor del 75% del PIB se corresponde con los gastos. Los sectores y actividades que se mueven dependiendo del presupuesto, como Educación, Salud pública, Servicios sociales, Administración pública y defensa, se encaraman a más del 40% del PIB, y ello sin tener en cuenta que en el resto de sectores la presencia del estado por medio de las empresas de su titularidad es muy destacada. Esa concentración de poder económico dependiente de las arcas del estado es un factor negativo porque reduce la productividad de los factores y hace depender la actividad económica del gasto público que, a su vez, exige ingresos que deben ser obtenidos de la misma economía. De ahí la necesidad del estado de financiación en divisas del exterior para equilibrar las cuentas y atender sus propias necesidades de gasto, y conviene tener presente que estas fuentes se han secado en los últimos años.

¿Novedades de 2022? Sin duda alguna, el arrastre que quiere realizar el régimen a los presupuestos municipales y provinciales, trasladando a estos responsabilidades de gasto hasta ahora centrales y que el régimen no puede continuar asumiendo. Los recursos financieros que se dispongan en distintos puntos del territorio van a abrir brechas entre los cubanos hasta ahora inexistentes.

Se ha anunciado una reducción de las transferencias al sector empresarial, fijándose en una cifra de 39.666 millones que sigue siendo relevante. Y en cuanto a las inversiones sociales y las de infraestructura que se sacrificaron en 2021 para atender la expansión del gasto corriente, se han presupuestado 37.572 millones que ni siquiera atienden un 10% de los déficits acumulados en la formación bruta de capital fijo.

Y todo ello con una proyección de ingresos de difícil cumplimiento para una economía que sigue sin encontrar una senda de recuperación. En tales condiciones, el régimen vuelve a lo mismo de siempre, dura represión contra presuntas conductas de indisciplina y evasión fiscal, aplicando nuevos procederes. En realidad, las bases imponibles de la miríada de impuestos que existen son débiles y se encuentran muy afectadas por la crisis que ya dura dos años y medio, lo que deja poco margen para aumentar los ingresos, a pesar del optimismo oficial.

El régimen pretende paliar estas deficiencias con el recurso a medidas para que los limitados recursos materiales y financieros se usen en función de las prioridades; garantizar calidad y eficacia en la prestación de los servicios básicos; incrementar los ingresos; eliminar los gastos innecesarios o postergables; fortalecer la contabilidad y eliminar las deficiencias en la administración de los dineros desde las tesorerías, para lo que se precisa contar con sistemáticos controles institucionales y populares que aseguren el mejor uso y destino de los recursos presupuestarios.

Todo muy correcto en el papel pero con grandes dificultades para la gestión. La gestión presupuestaria sigue siendo excesivamente política e ideológica y no tiene en cuenta que la sociedad cubana ha cambiado y quiere cosas distintas a las que ofrece el régimen. No se trata de asumir más compromisos y responsabilidades con el dinero de todos los cubanos, sino hacerlo mejor, y sobre todo, sin engaños ni propaganda. Los cubanos saben que la educación y salud no son gratuitos en Cuba; que, por el contrario, se pagan y bien pagados. Hora es de poner los puntos sobre las íes.   

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