Observaciones críticas al discurso de Díaz Canel en la cumbre de París

Elías Amor Bravo economista

Ya se sabe a qué fue Díaz Canel a la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Mundial de París. A nada. A costa del magro presupuesto cubano, básicamente, a hacerse algunas fotografías de recuerdo, a reunirse con los amigos de turno (como Lula o Guterres) y a decir una serie de cosas que muy bien se las podría haber ahorrado.

Pero claro, en calidad de presidente pro tempore del Grupo G77+China tiene varias puertas abiertas a foros como éste, y ya se sabe, hay que denunciar el embargo/bloqueo donde sea y cómo sea. El gasto público en Cuba está para financiar este tipo de cosas. No hay para inversiones en vivienda o infraestructura, pero en propaganda no se escatima ni un centavo.

Al fin y al cabo, asistir a estas jornadas no suele reportar otro beneficio que el mediático, y no se debe esperar nada más. El único que gana de todo esto es el canciller Bruno Rodríguez, al que se ve con una sonrisa nerviosa detrás de su jefe en todas las fotografías. Ha logrado meter las narices en un foro que para Cuba ha sido ajeno. Bienvenido sea.

La cosa en París no estaba para mucha diversión. Apenas unos minutos antes, no lejos de la sede de la cumbre, había explotado un edificio con una gigantesca columna de humo, y además llovía, y el día era típico parisino, gris y oscuro. La inauguración del evento corrió a cargo de Macron que sentado en mangas de camisa al lado de Díaz Canel no se veía muy a gusto en las sesiones de la jornada.

Y entonces, cuando llegó su turno, Díaz Canel aprovechó los minutos de gloria y lanzó un discurso que se puede calificar de duro, difuso y crítico con el tema central del evento, que era la definición de un nuevo contrato entre el Norte y el Sur para hacer frente a crecientes desafíos relacionados con el cambio climático y el desarrollo en este contexto de crisis múltiple. Los asesores no estuvieron acertados con el contenido ni la exposición.

Según recoge la prensa comunista cubana, Díaz Canel agradeció la invitación a participar en la Cumbre para un Nuevo Pacto Financiero Global que calificó como “otro punto de partida hacia un proceso intergubernamental más amplio de discusión y toma de decisiones en el marco de las Naciones Unidas”.

Se presentó en calidad de presidente del Grupo de los 77+China, que calificó como “la agrupación más representativa de naciones en desarrollo y la que históricamente ha sido bandera y portavoz de los reclamos que hoy nos reúnen”. Propaganda.

Dicho lo anterior, entró en materia, al señalar, “no revelo ningún secreto si afirmo que las consecuencias más nefastas del actual orden económico y financiero internacional, profundamente injusto, antidemocrático, especulativo y excluyente, gravitan con mayor fuerza sobre las naciones en desarrollo”. 

Desde luego, no esperaría muchos aplausos al decir este tipo de cosas, que ya no conectan ni siquiera con la Francia más revolucionaria de todos los tiempos. Mensajes de este calibre no solo forman parte de un análisis ideologizado de la realidad, sino que ya no sirven para definir el escenario actual de la economía mundial.

En la tesis alocada y poco diplomática del discurso de Díaz Canel, se dijo que “son nuestros países los que han visto su deuda externa prácticamente duplicarse en los últimos diez años; los que han debido gastar 379.000 millones de dólares de sus reservas para defender sus monedas en 2022, casi el doble de la cantidad de nuevos Derechos Especiales de Giro que les asignó el Fondo Monetario Internacional”. 

Pero claro, en ningún momento dijo que ese endeudamiento no es obligatorio ni forzoso, que a nadie se le pone una escopeta para obligarlo a endeudarse, sino que son los países quienes acuden a los mercados financieros, obtienen los préstamos y luego gastan sin control, sin ton ni son, de modo que el impacto de las inversiones es nulo, y solo ellos se endeudan más y más. El endeudamiento no es malo, como decía Fidel Castro. Lo malo es quien recibe el dinero y cómo lo despilfarra.

Y claro, Díaz Canel dijo que “en semejantes condiciones desfavorables el Sur no puede generar y acceder a los 4,3 billones de dólares anuales necesarios para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible en la década de acción restante”. Claro, no puede acceder él, porque Cuba no paga a los prestamistas, como se comprobó en el juicio de Londres. Pero que no generalice. Hay países del Sur que reciben todos los años generosas inversiones, préstamos y financiación porque están al corriente, y gracias a ese aporte, el Sur se desarrolla y pasa a ser “Norte”. Pero este esquema Díaz Canel ni lo entiende, ni lo comparte. Y además no lo quiere ni puede ver. Como comunista reaccionario que es, se encuentra anclado en posiciones ideológicas ajenas al mundo en que vivimos.

Por eso, a continuación, endureció más aún su discurso al decir, “nuestros pueblos no pueden ni deben seguir siendo laboratorios de recetas coloniales y de renovadas formas de dominación que emplean la deuda, la arquitectura financiera internacional actual y las medidas coercitivas unilaterales, para perpetuar el subdesarrollo e incrementar las arcas de unos pocos a expensas del Sur. Urge, como la mayor de todas las urgencias, un nuevo y más justo orden internacional”. Pues claro que no, es que este argumento es falso, y, además, esos laboratorios y recetas solo están presentes en una mente incapaz de entender la realidad y beneficiarse de ella. Ese argumento del enriquecimiento de unos pocos a costa del sur podría haber funcionado en los años 60 del siglo pasado, pero hoy no.

La receta de Díaz Canel, para desgracia de los cubanos, es la misma que la lanzada por Fidel Castro que devino en la situación actual y dijo, “será esencial encarar, como se ha discutido en el día de hoy aquí, una reforma de las instituciones financieras internacionales, tanto en cuestiones de gobernanza y representación como de acceso a financiación que tenga debidamente en cuenta los legítimos intereses de los países en desarrollo y amplíe su capacidad de decisión en las instituciones financieras”. ¿Y la reforma a cargo de quién va a ser? ¿De Díaz Canel y los que no pagan, tal vez? ¿Qué pretende Díaz Canel, acaso controlar los bancos de préstamos, decidir él quien recibe el dinero?

Pero es que, no conforme con el alegato anterior, dijo que “en pleno siglo XXI es inaceptable que a la mayoría de las naciones del planeta se nos continúen imponiendo instituciones obsoletas heredadas de la Guerra Fría y de Bretton Woods, alejadas de la actual configuración internacional y concebida para lucrar con las reservas del Sur, perpetuar el desequilibrio y aplicar recetas coyunturales para reproducir un esquema de colonialismo moderno”.

La guerra fría si mal no recuerdo concluyó en 1989 con la caída del muro de Berlín y un año más tarde con el hundimiento del imperio soviético y la ideología que sustenta al régimen cubano. Mal está que no se haya dado cuenta. Pero es que el orden internacional de Bretton Woods que dice Díaz Canel, desapareció casi veinte años antes, cuando se suprimió el patrón oro y se decretó la libre flotación del dólar. Pero no pasa nada. Díaz Canel cree que estas instituciones aún están en vigor porque su régimen lleva encerrado en una cápsula de tiempo que se cerró en 1959 y no ha vuelto a tocar la realidad.

En este punto, se dedicó a decir cosas de las que no sabe, como, por ejemplo, que se deben “recapitalizar los bancos multilaterales de desarrollo para mejorar sus condiciones de préstamo y satisfacer las necesidades financieras del Sur.  Ello incluye el llamado de los países con Derechos Especiales de Giros no utilizados para que los reorienten hacia estos bancos y los países en desarrollo, teniendo en cuenta sus necesidades, circunstancias especiales y vulnerabilidades”. 

Díaz Canel quiere recapitalizar los bancos con dinero de dudosa procedencia. Si los países endeudados no mejoran sus balanzas de pagos, la única forma de aumentar el dinero para atender las necesidades financieras es la expansión monetaria internacional que genera más inflación. No sabe de qué habla.

Después, pidió que “se incrementen los préstamos oficiales para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Nuestros países necesitan recursos adicionales que sean respaldados con acciones concretas en materia de acceso a mercados, creación de capacidades y transferencias de tecnología”. 

Cuba apenas produce el 5% de la energía con fuentes renovables. Adelante. Pero inviertan realmente en estos proyectos y no despilfarren el dinero en gasto corriente improductivo. En ningún caso, se ofrece pista alguna de quién va a pagar y devolver los préstamos. Esto no entra en la perspectiva de Díaz Canel.

Y luego para ir cerrando pidió medidas de progreso en materia de desarrollo sostenible que vayan más allá del producto interno bruto. Menos mal que no se atrevió a citar el “índice de desarrollo humano” de Naciones Unidas que sitúa a Cuba en un asombroso puesto 77 de casi 200 países del mundo. También se refirió al cambio climático y calificó de “profundamente decepcionante la meta de movilizar 100.000 millones de dólares al año y hasta 2020 como financiación climática”, a lo que añadió los incumplimientos y el impacto de la inflación, sin duda pensando en la que golpea actualmente a la economía cubana, un 45,5% en tasa interanual en mayo, que se eleva a un 66% en el caso de alimentos.

Y acabó lanzando arengas en defensa de la Agenda 2030 y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible o de unas supuestas relaciones Norte-Sur y la coexistencia en el planeta. Y citó a Fidel Castro, en un discurso de hace 10 años, en que dijo, “si hoy resulta posible prolongar la vida, la salud y el tiempo útil de las personas, si es perfectamente posible planificar el desarrollo de la población en virtud de la productividad creciente, la cultura y el desarrollo de los valores humanos. ¿Qué esperan para hacerlo?” Insisto, la cápsula temporal hermética con que el castrismo ha encerrado a los cubanos desde 1959 es inexpugnable.

Díaz Canel se despidió diciendo algo así “no ignoremos las alertas, no subestimemos las urgencias. Actuemos con sentido de especie en peligro de extinción. Actuemos con sentido de humanidad”. Debería él mismo tomar buena nota de sus arengas. La situación a la que sus políticas han llevado al pueblo cubano se parecen mucho a esa descripción agónica que, por otra parte, cuesta encontrar en el mundo de la segunda década del siglo XXI. De lo que Diaz Canel puede estar seguro es que, con este tipo de discursos, no le van a dar dinero. La caja seguirá estando vacía. A ver cuándo aprende.

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