Jornadas económicas productivas: un enfoque inadecuado de la economía nacional

Elías Amor Bravo economista 

Por tercera vez, el régimen organiza un cónclave que denomina “Jornada económica-productiva Cuba 2023” en el que se desarrollan eventos teóricos, conferencias y paneles hasta mediados de julio. Si, alguien dirá que tal y como está la economía cubana, la cosa no está para andar de fiestas y durante más de mes y medio. Lo que se tiene que hacer es trabajar, producir y no bajar la guardia, pero ya se sabe, en el régimen castrista el “ordeno y mando” suele quedar por encima de la eficacia, la racionalidad y la productividad. Estas jornadas son un buen ejemplo.

Fue el ministro Gil el encargado de inaugurar los fastos en el teatro de la Cámara de Comercio, que también se pretende que llegue por medio de las redes a actores económicos, a directivos y especialistas de varios territorios.

Según dijo Gil, “los objetivos del encuentro son contribuir al encadenamiento productivo para las exportaciones, la sustitución de importaciones y la inversión extranjera; crear espacios de discusión y análisis que describan el escenario económico actual desde la práctica, e identificar las potencialidades, oportunidades y trabas que se presentan en la economía cubana”. Sin duda, una agenda precisa de lo que se tiene que hacer, pero como ocurre siempre, sin determinar responsabilidades y sin ir al núcleo del problema que no es otro que el modelo económico de la constitución de 2019.

Pueden estar tranquilos. Los eventos teóricos, conferencias y paneles previstos hasta mediados de julio, cuando comience la II Feria de Desarrollo Local del Gobierno de La Habana, del 11 al 16 de ese mes en Expocuba, no van a ayudar a desbrozar los numerosos problemas que afectan a la economía cubana.

Pero vayamos a lo que dijo Gil para determinar la lógica de sus propuestas.

La primera idea, es la necesidad de lograr un encadenamiento productivo entre todos los actores económicos que favorezca la utilización más eficiente de las capacidades productivas ociosas de la industria nación. Que un ministro plenipotenciario que se supone posee el control de la economía estatal, diga esto, significa que la economía cubana no está bien gestionada y que la baja utilización de la capacidad productiva actúa como un freno al desarrollo económico que se tiene que corregir. Los encadenamientos que dice Gil en una economía de mercado libre se logran de forma autónoma y voluntaria por agentes privados y públicos que cooperan y se orientan por la información de los precios. Cualquier alternativa a este modelo, es un fracaso.

La segunda idea es que el país requiere urgentemente incrementar las producciones nacionales y tener una mayor oferta que reduzca la inflación, todo eso disminuyendo el componente importado. Si el ministro cree que la inflación se reducirá tan solo actuando sobre las importaciones, se equivoca y él lo sabe. El verdadero origen del descontrol de precios es culpa suya, y tiene su origen en el gasto público, el déficit y el endeudamiento, y sobre todo, la forma de financiarlo.

La tercera idea es que el ministro se aferra a un modelo de relaciones con el exterior más propio de mediados del siglo pasado que de los tiempos que corren de globalización y digitalización. Para Gil hay tres fuentes fundamentales de ingresos en divisas: la primera las exportaciones de bienes y servicios. La segunda, las remesas. La tercera los créditos por financiamiento, respecto de los que dijo algo que llama la atención viendo la data histórica del régimen comunista cubano “tienen la característica (en referencia a los créditos) de que hay que devolverlos, por lo que esta no debe ser la práctica más común para el financiamiento de las producciones”. 

No hay mucho más que añadir para afirmar que este ministro o no se entera o no quiere enterarse de cómo funciona una economía y de cuáles son sus interdependencias. O dicho de otro modo, un país competitivo puede financiar con créditos su crecimiento y desarrollo, aumentando sus exportaciones e importaciones, con un tipo de cambio competitivo y estable.

La cuarta fue una tautología, al decir el ministro “que tampoco pueden medirse los ingresos del país por los números absolutos, sino por los márgenes reales de ingresos que dejan estos números, pues poco hacemos exportando productos cuya la materia prima es mayoritariamente importada”. ¿Márgenes como los que él fija a los productos que se venden en las tiendas MLC o en los establecimientos de Gelma? El que gana más en la economía cubana es el estado a costa de los ciudadanos. El azúcar cubano en la primera mitad de siglo XX dejaba unos márgenes pequeños de negocio, pero financiaba toda la economía y permitía a la nación prosperar. La clave es encontrar otro azúcar, y no depender de subsidios externos.

La quinta, Gil dijo que “la economía nacional está enfrentando un escenario en el cual se tiene una demanda interna solvente insatisfecha –no es que sobre el dinero, pero sí hay capacidad de consumo–, la cual no cuenta con una oferta estable de bienes y servicios y ahí es donde se evidencia la inflación”. A ver qué dice el ministro. Que “sobra el dinero, que hay demanda interna solvente insatisfecha y que no hay capacidad de consumo porque la industria está ociosa y solo opera al 35%”. Es de suponer que está pensando en dólares, y no en pesos cubanos. La dualidad monetaria creada por su política y que es incapaz de superar o corregir. Un desastre.

La sexta vino a confirmar la confusión del ministro Gil con la inflación, la que calificó como uno de los problemas más visibles que tiene la economía nacional y que es necesario resolver. Pero claro, a pesar de ese presunto voluntarismo a frenar el aumento de los precios, el ministro se columpia al pasar revista a las causas del fenómeno, entre las que citó la escasez, la improductividad, los bajos rendimientos, el exceso de dinero circulante, debido al déficit fiscal, y una serie de aspectos que están presionando sobre esa situación. Mezclando churras con merinas no fue al origen del proceso y mucho menos a reconocer su responsabilidad.

Y claro, como no puede salir del guion escrito, Gil dijo que con inversión de capital “se pueden reactivar las industrias -las que están en plena capacidad de producir, no las obsoletas– e incrementar la oferta y contribuir entonces a buscar un mejor equilibrio entre la oferta de bienes y servicios y la demanda”. Pero claro, si toda la inversión se dirige a construir hoteles, luego pasa lo que pasa. Frases de este tipo deberían preocupar a las empresas estatales insolventes, porque parece que tienen el camino definido al cierre. Tiempo al tiempo.

El ministro se atrevió incluso a decir que ese proceso de “reactivación” debe ir acompañado de la apertura y diversificación a los actores económicos no estatales, así como buscar socios para invertir y producir en el país, e importar menos bienes finales”. Nunca se sabe si creer realmente a este ministro en todo lo que dice. Al final acaba diciendo que la empresa estatal socialista siempre será el centro del sistema económico.

Conseguir que la industria nacional aumente la producción, a través del sistema empresarial cubano, que es único tanto para privados como para estatales, y cuyo objetivo fundamental es el desarrollo colectivo, viene a ser más de lo mismo, y continuar ensayando fórmulas de un modelo fracasado, que se tiene que dejar atrás cuanto antes.

El dirigente comunista, Queipo Ruiz intervino a continuación para decir lo que Gil no quiso u olvidó decir, que es el nuevo mantra del régimen, es decir, “la búsqueda de soluciones debe llevarse a los territorios para lograr el pleno y eficiente aprovechamiento de los recursos”. Ahora, cuando se normalice la situación tras las inundaciones en el oriente de la Isla se verá si realmente esa fórmula va a dar de comer allí donde se han perdido las cosechas. Ya se advirtió, la descentralización productiva no es la fórmula más adecuada.

Comentarios

  1. Muchas Gracias Elías, excelente análisis. Dada la gestión de los problemas actuales con las mismas fórmulas sera imposible resolverlos.

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  2. Estimado profesor como siempre sus análisis son acertados, pero recuerde que en una economía socialista todas las estupideces que se les ocurren a sus incompetentes dirigentes no resuelven los problemas. Los únicos países que han progresado son Vietnam y China al implementar el capitalismo de Estado sin democracia, pero respetando las leyes del mercado. Es curioso que en Cuba ningún ministro de economía ha sido reconocido como experto en esta ciencia y el actual es ingeniero en transporte. Por muchos años dirigió la economía Carlos Lage que es médico.
    Sería beneficioso que previo a su embestida por trasladar el desarrollo a los territorios leyera algo sobre Desarrollo endógeno para que muestre algo de experticia y no tantas estupideces que no se cansan de expresar. Quiero recordar lo que expreso Winston Churchill: «Se han probado muchas formas de gobierno, y se probarán muchas más en este mundo de pecado y sufrimiento. Nadie pretende que la democracia sea perfecta ni omnisciente. De hecho, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las otras formas que se han probado de vez en cuando».

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