La ZED del Mariel, Raúl Castro y López Calleja

Elías Amor Bravo economista

¿Los negocios están en peligro? La fortuna familiar, puede que también. Un año después del 11-J la familia Castro Espín sigue buscando un albacea capaz de llevar los negocios al mismo nivel que lo hizo López Calleja. En una entrada anterior de este blog se explicó que no iba a ser fácil. De modo que mientras prosigue el casting para elegir el relevo de López Calleja, del que no es posible saber quién va a salir elegido, la familia ha pasado a ver cómo van los negocios. Es una forma de decir a todo el mundo, de quién es la plata, y a qué manos van dirigidos los beneficios que se obtienen.

Solo así es posible entender qué anda haciendo el anciano Raúl Castro, de 91 años, por la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM). Granma presentó el acontecimiento como “un chequeo que cada mes realiza el gobierno a las obras de la ZEDM” mero trámite, pero debe haber más. Sin duda alguna. Desde hace tiempo el menor de los Castro no había aparecido por la zona, ni tampoco se dejaba ver en actos públicos de este tipo.

Apartado del poder, pero ejerciendo un control directo sobre los asuntos de su incumbencia, se tiene la impresión de que, Raúl Castro se ha visto obligado a volver a la palestra, desde el retiro dorado en que se encontraba, porque ha descubierto que los márgenes de confianza que había depositado en los herederos del poder, es nulo. Desaparecido López Calleja, a Raúl Castro le toca inspeccionar personalmente los negocios, como la ZED del Mariel, y, sobre todo, dejar bien claro quién es el dueño de lo que allí se mueve. Los cubanos deben haber quedado sorprendidos del retorno del viejo comunista a ese enclave económico que, como Granma se empeña en presentar “es el más importante y con mayor futuro del país”.

La ZED del Mariel es un magnífico ejemplo de la convergencia de intereses económicos, financieros y políticos que gravitan sobre el régimen comunista heredero de la revolución de Fidel Castro. Empezó siendo un negocio brasilero, para acabar siendo un espacio que no ha tenido, ni de lejos, los resultados que se esperaban del mismo, pero que ha servido, desde su creación en 2013, para acumular suculentos beneficios para todos los proyectos allí instalados con el beneplácito del régimen comunista. 

En Cuba, la constitución comunista proscribe el enriquecimiento privado, pero no el de todos los cubanos. Al parecer, hay algunos que pueden amasar grandes beneficios. Por otra parte, que nadie vea en la ZED del Mariel un ejemplo de las zonas especiales de desarrollo que sirvieron para promover la transformación económica de los países del este de Asia en la década de los 80 del siglo pasado. En Cuba, mucho ruido, y pocas nueces. Las justas para regar con prebendas a un grupo reducido de dirigentes y mantener un gran negocio familiar.

El asunto es que, para propiciar los negocios del Mariel, el régimen cubano ha tenido que dedicar, según informa Granma, 4.173 millones de pesos “para infraestructuras básicas y complementarias, como viales, puentes, ferrocarril, acueducto, redes hidráulicas, eléctricas y de comunicación, y también viviendas para personas que debieron reubicarse por necesidad del proceso inversionista y trabajadores de la propia Zona”. Sería bueno saber cuántas viviendas podrían ser construidas con esos 4.000 millones de pesos, o solo con el 10% de esa cantidad.  Curiosamente, los apagones no existen en la ZEDM porque la generación corre a cuenta la energía solar, e incluso entrega el 90% de la electricidad al Sistema Eléctrico Nacional.

Según Granma, Raúl Castro fue informado de algunos atractivos de la ZED del Mariel, como “el sistema de ventanilla única, que tramita todas las licencias, permisos y autorizaciones de los inversionistas; así como un esquema de operaciones financieras en moneda libremente convertible”. También estuvo atento a las explicaciones que le dieron sobre “la entrega de parcelas con infraestructuras de alto estándar financiadas por el estado cubano, como electricidad, agua, comunicaciones, viales y sistemas contra incendios y los incentivos para la generación solar desde las cubiertas de las instalaciones industriales”.

Todo ese despliegue de inversiones en infraestructuras para que en 9 años de existencia del Mariel tan solo se hayan aprobado (que no entrado en funcionamiento) 62 negocios, de los que 36 funcionan realmente, y todo ello por un importe de inversión de más de 3.000 millones de dólares, qué curioso, era lo que pretendía conseguir cada año el régimen con la Ley 118 de inversión extranjera.

En este punto, la preocupación de Raúl Castro por el negocio debió ir a más. Si López Calleja, con todo el poder económico y político a su alcance, no había conseguido más que estos precarios resultados, “21 países, 11 multinacionales, y algo más de 15.000 empleos” de los que dio cuenta Granma, ¿qué podría ocurrir a partir de ahora, cuando el nuevo directivo a seleccionar tenga que hacerse cargo de los negocios de la familia?

Es comprensible la preocupación de Raúl Castro. Su presencia en esta jornada es, sobre todo, inquietante. Basta con ver la instantánea que acompaña a la nota informativa en la prensa estatal. Perdidos entre los servicios logísticos, la biotecnología, la industria biofarmacéutica y la manufactura de avanzada, que se califican por Granma como “industrias pilares de la ZEDM”, la impresión que se tiene es que los dirigentes comunistas del régimen ven al Mariel como el juguete del que se acaba cansando el niño malcriado, después de haber estado pidiendo de forma insistente a sus padres, y que, cuando es suyo, lo olvida, porque ya no le interesa. No habíamos asistido a muchos “fastos” en el Mariel desde noviembre del pasado año cuando se inauguró un complejo Industrial Biotecnológico de BioCubaFarma. La presencia de Raúl Castro tras la pérdida de López Calleja es un indicador a tener muy en cuenta.

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