Los riesgos inflacionistas de la retirada del CUC

Elías Amor Bravo, economista

Una escueta nota en Cubadebate, con origen en Juventud Rebelde, recoge unas declaraciones de Marino Murillo, en las que afirma que “se ha recogido hasta la fecha más del ochenta por ciento del CUC” dentro del proceso de unificación monetaria que comenzó el pasado 1 de enero y que culminará, al menos en primera fase, el 30 de junio.

Pues bien, ¿Qué podemos decir de este resultado del proceso de ordenamiento? Nada negativo. Todo lo contrario. Si realmente el 80% del CUC ha pasado a mejor vida, es una buena señal de que se consigue la centralidad del CUP en el sistema económico y que, por fin, desaparece esa dualidad monetaria absurda creada por Fidel Castro cuando vio que la economía cubana, en pleno período especial, tomaba el camino de la dolarización.

Por tanto, si bien se puede afirmar que es un buen resultado el logro de la retirada del 80% del CUC en circulación, la mayor parte en efectivo en manos del público, según la nota informativa, no obstante, el proceso entraña riesgos. ¿Podemos saber de qué estamos hablando realmente?

A falta de datos oficiales, que, seguro que el régimen los tiene, pero no los facilita, en 2019, último año para el que está disponible la información del anuario estadístico, el efectivo en manos del público alcanzó el 57,7% del PIB, incluyendo tanto el CUC como el CUP que desde 2017 aparecían integrados sus saldos en dicha magnitud monetaria. Como no se dispone de información relativa a la proporción de cada una de estas unidades de cuenta, se puede asumir un porcentaje similar del 50% para ambas.

De modo que se está hablando de alrededor de 29.000 millones de CUC en efectivo y otros 23.000 millones de CUC en depósitos en el sistema bancario. En total, la cifra estimada de 52.000 millones de CUC que aparecían en los saldos de las variables monetarias. Si se ha retirado el 80% como dice Murillo, estamos hablando de 41.600 millones de CUC, lo que supone que aún permanecen en manos del público o en depósitos alrededor de 10.400 millones de CUC. Tiene razón Murillo cuando afirma que, a dos meses de concluir el plazo previsto para el canje, el proceso va funcionando de forma razonable.

Con el comienzo de la Tarea Ordenamiento, la economía cubana se instaló en una senda de continuos desequilibrios internos y externos, que han creado un entorno de malestar social en aumento cuyas consecuencias son difíciles de anticipar. La combinación de la unificación de la moneda con políticas de salarios y pensiones, de precios y de subsidios y gastos indebidos, ha generado una inflación general de tres dígitos, una parálisis productiva en sectores esenciales como la agricultura, un crecimiento imparable del déficit público y una tensión en el cambio del CUP con el dólar en los mercados informales.

Y este escenario coincide con la retirada de CUC, que se tiene que interpretar por el segundo lado de la moneda, como una entrada masiva de CUP (ya que la relación entre ambas monedas se estableció al cambio de 1x24). De modo que se está produciendo una inyección masiva de papel moneda en CUP, que el gobierno debería dar a conocer porque detrás de esa expansión del dinero se está alimentando un proceso inflacionista que viene espoleado por las medidas de la Tarea Ordenamiento.

A resultas, la retirada del CUC en vez de frenar el aumento de los precios actúa como un elemento de arraigo de las expectativas inflacionistas en la gente, provocando una reducción del poder adquisitivo del CUP, que condicionará su evolución con respecto al dólar en los mercados informales. Por ejemplo, no se consigue un dólar por menos de 53 CUP, cuando el cambio "oficial" sigue anclado en 24. 

El deterioro del CUP que trae consigo esta sustitución de papel moneda puede avanzar rápido, y en ello tener razón Murillo, pero este mismo proceso indica la creciente desconfianza de la población en el CUC, el temor a quedarse sin nada y las prisas por deshacerse de la moneda, trasladando así la pérdida de confianza a la moneda que queda, el CUP.

Tal vez el momento elegido no haya sido el más adecuado, y la sincronía del mismo con los efectos negativos de la Tarea Ordenamiento puede socavar más aún la confianza en la economía cubana y acrecentar el malestar social, vía pérdida de poder adquisitivo. En el periodo especial, la salida natural de la gente fue recurrir al dólar, porque daba mucha más confianza que el CUP, a la sazón afectado por un entorno bastante parecido al actual. No creo que vuelva a producirse la dolarización en las condiciones actuales, pero la forma de conducir el proceso puede dar sorpresas.

Eliminar el CUC y dejar como única moneda de circulación legal el CUP, con una tasa de cambio de 24 por un dólar, en un momento tan complicado como el actual, es cuanto menos irresponsable. Ni siquiera este proceso, aparentemente sencillo, se está ejecutando de forma adecuada por las autoridades. Los seis meses que se concedieron de plazo no parecen demasiados. El problema ahora es, cómo respaldar el CUP para que sobreviva a la Tarea Ordenamiento. Porque esto se tendría que haber hecho antes de poner en marcha el proceso porque ahora parece que es tarde. Desde luego, con las políticas fiscales y monetarias en curso, no lo conseguirán.

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