Los comunistas advierten: "la apertura se puede acabar en cualquier momento"

Elías Amor Bravo economista

Llevan en el régimen, algún tiempo dando vueltas al asunto, y parece que ya tienen la respuesta. Hay que parar como sea el proceso de apertura económica, porque se sienten desbordados. Y para ello, han inventado una serie de incumplimientos e ilegalidades que solo caben en la mente de los comunistas cubanos. Esto les ha dado la oportunidad de sacar a pasear al dóberman, instrumento de represión.

De modo que después del incidente ridículo en que se vio involucrado Esteban Lazo, ahora Valdés Mesa ha salido al quite, en el más puro lenguaje taurino, y se ha presentado ante la Asamblea nacional como el dueño del látigo y paladín de la represión contra cualquier tipo de delito, ilegalidades y/o las indisciplinas sociales. Hay que cumplir las “directivas” y nadie se debe salir del guion. Algún dirigente lo tenía que hacer, después del desconcierto de días atrás, y ni más ni menos que el régimen comunista ha echado mano del vicepresidente de la República para ponerlo al frente del equipo represor del régimen.

Y lo ha hecho, desgranando el enfrentamiento a los distintos tipos de delitos, los supuestos incumplimientos de directivas, contemplados por el régimen castrista, por supuesto, inexistentes en otros países. La exposición de Valdés Mesa fue inquietante y al parecer tuvo su origen en un “proceso de seguimiento y control, con análisis en reuniones con gobernadores en visitas gubernamentales, y los resultados de las visitas de las comisiones conformadas por el Secretariado y la estructura auxiliar del comité central del partido, en más de 100 acciones de comprobación, 1.275 reuniones de intercambio en organizaciones y se contactó con alrededor de 40.000 personas”. Producir alimentos, cero, pero controlar y reprimir, 100. Esa es la naturaleza perversa del modelo económico ideado por Fidel Castro. Y claro, de este ingente trabajo de control, no pueden salir más que cosas graves.

Qué se puede decir del enfrentamiento a “las violaciones de precios” vistas por el régimen como “deficiencias que van desde su concertación, con muestras poco representativas de productores y prestadores de servicios” cuando realmente tienen su origen en el sistema de planificación central de la economía que impide a los mercados funcionar normalmente.

De otro lado, Mesa dijo que hay “debilidades en la efectividad de los mecanismos de atención y control sobre los actores económicos no estatales, los que comercializan productos de alto impacto para la población”. El régimen quiere estrechar el cerco sobre ellos, sobre todo las mipymes, y es muy probable que los acabe prohibiendo. Ya lo hicieron en tiempos pasados y pueden volver sobre ello en cualquier momento.

También se refirió a “la falta de gestión de las empresas de comercio y gastronomía, las que de manera general están comprando productos de forma mayorista a las mipymes y las comercializan a elevados precios buscando les garanticen rentabilidad”. Un nuevo aviso del régimen al sector privado que empieza a ser preocupante y que llega a los aspectos más detallados, por ejemplo, dijo que “en la elaboración de las fichas de costos se constata falta de gestión, ausencia de análisis integrales y oportunos, además de fallas en la preparación de sus especialistas”,

Valdés Mesa dijo querer intervenir y reprimir comportamientos porque según él, son “un limitante para prevenir, enfrentar y transformar la situación antes descrita” y para ello, "hay que hacer que los agentes de orden público, jefes de sectores de la policía nacional revolucionaria, inspectores integrales y de otros organismos, gestores de cobros, auditores, fiscales, jueces, trabajadores sociales, se pongan las pilas y cumplan con su trabajo". La represión aumentará, eso es seguro. 

El caso es que los comunistas cubanos quieren forzar el cumplimiento de las directivas, a cualquier precio y por muy compleja que sea la situación. No se puede justificar la desatención por problemas internos o subjetivos, en este caso se citó la enorme cantidad de tierra ociosa que aún existe, los problemas organizativos y de dirección, el comportamiento inadecuado de directivos y funcionarios para escuchar, atender, informar y accionar en la búsqueda de soluciones. Todos ellos derivados de la pésima gestión del modelo económico comunista.

Pero, sin lugar a dudas, Valdés Mesa dijo que las principales distorsiones afectan “la política de precio con referencia al tipo de cambio informal de la divisa, la especulación financiera en el mercado informal, la retención de fondos financieros por remesadores ilegales en el exterior y su desvío para pagos y a favor de actores económicos no estatales fuera del control del estado, pagos indebidos, baja productividad del trabajo y pocas ofertas con el incumplimiento de producciones físicas y el empleo de recursos locales”.

La agenda de problemas descritos tiene mucho que ver con la crisis del modelo económico y su incapacidad para dar respuesta a las graves carencias de la sociedad. El modelo está tan deteriorado y es tan obsoleto, que ninguna de las medidas adoptadas, da resultado y por ello, ni se producen más alimentos, ni mejoran los servicios, ni se estabiliza la moneda, ni tampoco las políticas sociales. El modelo está agotado y lo peor es que el régimen quiere mantenerlo vivo solo por motivos ideológicos.

Incluso, los sistemas de evaluación y control de procesos del régimen, trasladados a los consejos populares por el proceso actual de descentralización, ofrecen resultados confusos y adolecen de la necesaria información de contenidos para la toma de decisión. Es decir, los sistemas de evaluación no sirven de nada. Y el traspaso a los territorios lleva a que cada órgano, organismo y entidad se dedique a la prevención y enfrentamiento a partir del encargo estatal, obteniendo resultados diferentes en las distintas zonas. Ocurre con áreas muy sensibles a la población, como las indisciplinas y violaciones urbanísticas en todo el territorio nacional, el incumplimiento de los planes de ordenamiento territorial, y su impacto en los servicios básicos como el abasto de agua, electricidad y el saneamiento.

Pero el régimen no lo cree así, y por ello se concentran en la identificación y control sobre “categorías de personas dentro de la delincuencia, en especial asociadas a delitos y conductas antisociales reincidentes o agravadas”. A ellos traslada la responsabilidad de lo que está ocurriendo y plantea un registro delictivo, que no hace más que aumentar, como consecuencia de la actividad represiva de las autoridades responsables de enfrentar los supuestos delitos. 

Tras detallar los problemas principales relacionados con el cumplimiento de las “directivas”, Valdés Mesa relacionó las alternativas aplicadas para la mejor comercialización de los productos regulados y controlados y puso el ejemplo de la digitalización de las Oficodas (donde se detectaron 364.000 personas que indebidamente recibían productos de la canasta familiar normada), y denunció las ofertas de productos agropecuarios con precios abusivos, “asuntos que generan irritación y malestar a la población”.

Denunció además que no se publican los listados de precios, “los irrespetan o no los cumplen y existen problemas con el funcionamiento de los comités de contratación de precios”. Y por todo ello, pidió “revertir los bajos niveles de efectividad de las direcciones de inspección y supervisión, alcanzar la eficacia en la gestión de cobros de multas y una disciplina tributaria que incluya la sub declaración y evitar la evasión fiscal”.

Por si no fuera suficiente, en el debate del Informe que siguió a continuación, intervino Díaz Canel para denunciar que “las manifestaciones de delitos, indisciplina social y corrupción atentan contra lo más sagrado del proceso de construcción socialista y profundizan las indeseables desigualdades sociales”, alineándose con las tesis de Valdés Mesa.

Después el dirigente elucubró sobre la existencia de “un manifiesto empeño imperial de crear un clima de inseguridad y desconfianza ciudadana que fracture la unidad popular en nuestro país, y por eso constantemente exageran, apoyándose en odiadores, cualquier hecho delictivo que tenga ocurrencia en nuestro país, fundamentalmente lo relacionado con violencia”.

Sin embargo, a continuación, bajando a la realidad de nuevo, reconoció que “el régimen no puede estar ajeno a la ocurrencia de las actividades económicas ilícitas, la indisciplina social, y las manifestaciones de corrupción y de delito que se establecen como una economía paralela sumergida y sucia, que penetra y destruye nuestra vida social”, reafirmando las palabras iniciales de Valdés Mesa. La represión es una política de estado.

Díaz Canel señaló en un lenguaje más propio de mediados del siglo pasado, que “lo importante y decisivo es actuar con rigor, articulando la fuerza revolucionaria con la dirección del partido y la participación de todo nuestro sistema institucional, las organizaciones de masas, la sociedad civil y nuestras instituciones armadas, junto al pueblo”. Estas organizaciones, según Díaz Canel, “son esencias de la naturaleza de la revolución cubana para enfrentar la actividad especulativa, la corrupción que tanto daño hace, la pillería, la burocracia, la mentira, la vulgaridad, la indiferencia de las personas y la molestia que ocasiona el irrespetuoso comportamiento de los lumpen”.

Díaz Canel insistió a continuación en la demagogia populista que lo caracteriza y dijo que “no podemos permitir que quienes no trabajen, no aportan y se mueven en un entorno de ilegalidad, ganen más y tengan mejores condiciones de vida que los que laboran honradamente, aportan y protagonizan la historia del heroísmo cotidiano del pueblo cubano”.  Y por ello, “es imprescindible promover el comportamiento limpio y responsable de todas nuestras instituciones, sociedad y en particular de las familias cubanas, que tienen mucha responsabilidad y mucho que aportarle a este combate al que estamos convocando”.

El alegato del dirigente es falso, y alejado de la realidad, y nos devuelve a los peores años del régimen comunista cubano, para volver a intentar dividir, de nuevo, a unos cubanos de otros. Valdés Mesa y Díaz Canel, los dos al unísono, lanzando mensajes duros, de advertencia a la sociedad, y de que el régimen puede acabar en cualquier momento con el proceso de apertura económica iniciado. Ya lo han hecho en el pasado y lo pueden volver a hacer. El mensaje es muy claro: o se portan bien, o se acabó.

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